domingo, 23 de junio de 2013

El Periplo hacia el éxito "Superando la Adversidad"

Paseaba por el puerto, abarrotado de gente subiendo a barcos, pescadores de almas trabajando sin parar, voces alzadas y un murmullo interminable. Su petate colgando del hombro. Su mirada había visto tantos amaneceres y anocheceres de hombres, que su vida le parecía una chispa en la oscuridad eterna. Allí estaba, el viejo resistente y poderoso Esperanto, pero algo captó su atención, una mujer sentada en el malecón con una pequeña maleta, se acercó a ella y la dijo:

- El barco que espera no creo que vaya a llegar, debería ir usted en su búsqueda o al destino que quiere llegar.

Ella levantó la mirada y con voz baja susurró:
- ¿Y dónde embarcar qué me lleve a ese lugar?

En propiedad
El marinero extendió su brazo tatuado, abrió su mano surcada por los años de tragedias y victorias y dijo:

- ¡Venga! irá en el Esperanto.

Ella le miró, él sonrió mostrando su boca mellada, y la ayudó a levantarse. Embarcaron y pronto las velas se desplegaron. 

Saliendo del puerto al mediterráneo éste dijo:

- ¡Señora, coja el timón! Usted será dueña del destino, yo aquí estaré para aconsejar, nada más.

Cada persona es dueña de su alma, sus decisiones y su vida. Los demás somos una muleta, un auxiliar, una luz en momentos de oscuridad.

Con cara de asombro la mujer dijo:
- Pero… ¡yo, no sé!

Marinero: ¡cójalo! la guiaré aún con el mar y el viento en calma, no se fie, hay fuerzas no visibles bajo la superficie. Ahora no tiene nada, salvo su experiencia innata.

Con manos temblorosas la mujer cogió el timón, el marinero se apoyó sobre los hombros de ella y la dijo:

- Corrija el rumbo dirección al sol, si al océano queremos llegar atravesando las torres de Hércules.

La mujer tomó aire mientras dejaba deslizar sus manos por aquel gran volante, intentaba familiarizarse con aquello que era nuevo para ella; con el tacto notaba las grietas y el paso de los años de la madera… El marinero la despertó de su ensueño diciendo:

- Pronto anochecerá, pero ya se ve la luna, ¿ve aquella estrella? Que el barco apunte a ella, no se fije en las demás ni en la luz potente de la luna… es mujer, la engañará.

Como buena novata, la mujer no quitaba los ojos de su estrella, no pestañeaba por miedo a perderla de vista y agarrotada cogía bien fuerte el timón.

El marinero al verla sonrió y la dijo:
- Descanse, ahora guiaré el rumbo, repose, llega una tormenta y le harán falta las fuerzas para sujetar el timón, que ni vientos ni olas le hagan desistir o el rumbo desviar.

Fotos modificadas. Fuente: www.painting-palace.com www.reproarte.com


Marinero: ¡Coja el timón! ¡Sujételo fuerte y no ceda jamás! O a su destino tardaremos en llegar.

Mujer: Apenas puedo mantenerme en equilibrio, las olas no me dejan estar de pie junto a él ¿Hacia dónde miro? ¿Hacia dónde dirijo el barco?

-Vientos arreciando, olas haciendo todo por la borda saltar, el marinero empapado, anclado junto al mástil no para de gritar.

Marinero: ¡Sujete fuerte! No la podrán ganar.

Mujer: ¡Eso hago! ¿No lo ve? Nunca me imaginé que las olas tendrían tanta fuerza.

Marinero: ¡Un último esfuerzo! la luz del día un nuevo panorama traerá.

-Tras el duro episodio, a lo lejos, la luz del nuevo día, las torres de Hércules se logran atisbar.

Marinero: Va a ser dura prueba, dos mares que chocan, el de la aventura y superación contra la comodidad y tranquilidad. Este último abandonamos. Cuando yo le diga, ¡escuche y mire sin pensar!

Mujer: ¡Qué bien! ¡Qué buenas noticias! Pensaba que todo lo malo ya lo habíamos pasado…

Marinero: ¡Gire a babor! Evite las rocas, la harán encallar.

Mujer: ¿A babor? ¿Qué es eso?

Marinero: ¡A la derecha! y después apunte al frente o la tormenta nos volverá a alcanzar.

Mujer: ¡No consigo ver nada! Tengo miedo, usted me guía, son mis ojos ahora mismo.

Marinero: ¡Un poco más, aguante! Y las torres lograremos pasar.

La mujer cerró los ojos y se agarró fuertemente al timón, siguiendo las instrucciones de aquel viejo mientras maldecía entre dientes: en maldita hora me subí yo al Esperanto.

Marinero: ¡Uf! Hemos pasado, bienvenida al mundo de las aventuras y la oportunidad, su destino está cerca, ahora cogeré el timón, necesita descansar.

El marinero miraba su estrella pensando al destino llegar, él ya tenía su vida ¿su destino? Siempre ayudar. Despunta el nuevo día.

Marinero: ¡Buenos días! ¿Preparada para aprender a pescar?

La mujer, sorprendida, cogía la caña que le ofrecía el capitán.

Marinero: No se fie de colores llamativos, y los peces pequeños suéltelos de nuevo al mar. El agua es engañosa y a veces lo grande es pequeño en realidad, es como las perlas, solo tras cogerlas se conoce su falsedad.

La mujer sonrió diciéndole: ¿y qué hago con los grandes que muerden?

Los dos se echaron a reír.

La mujer sin saberlo, se estaba curtiendo de nuevas experiencias, preparándose para lo imprevisto, siendo flexible y dejándose guiar por los que saben. No es oro todo lo que reluce, observando y mirando de cerca te podrás dar cuenta de la autenticidad.

Llega una nueva lección para ella: “los vientos.”

Marinero: Ahora fíjese en los vientos, solo siga aquellos que el barco a su destino le hagan llegar, a veces es mejor arriar velas y esperar.

Mujer: Entiendo, no se puede luchar contra lo que es más fuerte que tú. En esos momentos es mejor no malgastar tus fuerzas, sino sentarte y descansar, pensar y esperar el momento adecuado para seguir avanzando.

Tras varios días el destino ya estaba cerca.

Marinero: He aquí mi último consejo antes de desembarcar.

La mujer lo miró atentamente, con los ojos humedecidos, sentía un gran cariño por aquel hombre de apariencia tosca, pero que, en realidad, dentro de él, guardaba un gran valor, su sabiduría.

Marinero: Aplique todo lo aprendido a su vida real,  la estrella que ha seguido se encuentra en su interior y siempre brillará.

No pudo evitar romperse en mil lágrimas la mujer, mientras le acariciaba la cicatriz que llevaba el marinero en su mejilla.

Marinero: Hemos llegado, este es su destino, piense en todo lo aprendido, lo sufrido, lo luchado y su talento innato, lo tiene todo y aquí se encuentra su oportunidad.

Mujer: ¿Nos volveremos a encontrar?

Marinero: Me despido ya, parto con Esperanto, hay más gente a la que ayudar, no dudo que cuando a este puerto regrese, dueña de su vida y de 100 barcos más usted será; porque se leer en las personas y el éxito ya lo tiene, así que triunfará.

La mujer le dio un beso en la frente y, junto a su maleta, bajó de aquel barco sintiéndose fuerte y con nuevas esperanzas.

Adiós, dijo el marinero levantando la mano, y en todo el puerto se escuchó: rumbo más allá del sol, donde estaremos esperando a quien sus virtudes mostrar.

“Todos somos dueños de nuestro destino, según manejemos el timón, nuestra travesía al objetivo tardará más o menos en llegar. Todo error puede corregirse soltando lastres o dando un golpe de timón, pero no debemos dejar que solo el viento nos arrastre y nos aleje de nuestros anhelos e ilusión. Debemos ser los pilotos de nuestra vida”

Más allá de las columnas de Hércules.

Foto de: trianguloequidlatere.blogspot.com

Autores: Javier Bravo @amrith13 y Ana Carmen Moruga @Acm36